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Wed, Nov

La parodia del tango bailado de a uno

Discutir pobreza sin debatir sobre la riqueza, hablar sobre funcionarios corruptos sin señalar a los empresarios que pagan coimas y hasta, por ejemplo, denunciar barrabravas sin apuntar a los dirigentes que los financian, instala una discusión incompleta, que solo puede lograr un juicio rengo, incompleto, más cercano a la venganza que a la búsqueda de un castigo ejemplar y reparador.

 

Dos referentes muy importantes de la Argentina acaban de poner blanco sobre negro sobre cuál es la verdadera grieta argentina. Elisa Carrió, por un lado, y Santiago Kovadloff, por el otro, revelaron un deseo de muchos argentinos pero no sabemos si de todos.

De la grieta que hablamos es la de los ricos y la de los pobres. La Argentina tiene más de 30 por ciento de pobres, habiendo pasado décadas ganadas, perdidas y empatadas. Es cierto: la debacle de 2001 disparó los índices de pobreza a casi el 50 por ciento. El kirchnerismo la redujo a poco menos del 30, con plena bonanza económica, fruto de los precios de las materias primas y a fuerza de planes sociales. Pero la pobreza sigue estando allí, en un tercio de la población argentina.

A propósito del tema, la triunfante Elisa Carrió, primero celebró la detención de Julio De Vido. Y lanzó definiciones, no necesariamente para compartir, pero sí para leer y utilizar de disparador para esta discusión.

 Yo quiero la República, hacerle bien a la republiquita y (Mauricio Macri) le está haciendo bien; le está haciendo bien a la Justicia; vamos a reformas estructurales, a poner las mejores escuelas, a urbanizar y darle el título de propiedad a todas las villas”. (…) mi causa es, casi les diría, la causa de los pobres.

La dirigente incluso habló de recuperar lo robado de la corrupción, invertirlo en donde hace falta y caminar hacia la reducción de la pobreza. Suena a Robin Hood, huele a demagogia, pero el camino es discutir pobreza desde donde se puede lograr dinero para combatirla.

El otro referente que habló de la cuestión, en este caso desde el pensamiento, es Santiago Kovadloff. El escritor, consultado sobre los desafíos del actual gobierno, con el espaldarazo electoral del domingo 22 de octubre, señaló:

(…) creo que es hora de atender a la grieta de fondo: la de ricos y pobres. Es hora de darnos cuenta de una buena vez de cómo se va a obrar para que la pobreza deje de ser un signo distintivo de la Argentina. Toda otra disyuntiva me parece secundaria comparada con ésa. No puede ser que cada tres argentinos uno sea pobre. Si el Gobierno no es capaz de responder a ese resarcimiento de la política, estará lejos de la ética.

Y le puso fichas personales al presidente Mauricio Macri, por un lado, ratificando su confianza en la política económica de Cambiemos y, por el otro, apostando al cumplimiento de la palabra presidencial, como aquella lanzada al asumir el 10 de diciembre de 2015 cuando prometió pobreza cero.

Dijo Kovadloff:

Le tengo mucha confianza a la capacidad de aprendizaje que el Gobierno ha evidenciado hasta este momento y a la conciencia profunda de que si [Cambiemos] representa una alternativa en el orden político, esta alternativa depende de la resolución de este asunto. No creo que nada le quite más el sueño a Macri que reducir la pobreza, porque sabe perfectamente que la credibilidad de su discurso depende de eso.

Retomando las palabras de Kovadloff, la verdadera grieta argentina está teñida por el color ético de la política en su compromiso por solucionar las históricas deudas sociales del país. Ahí se juegan todas las fichas.

El propio oficialismo de Cambiemos lo sabe, al decidir continuar con la amplia asistencia social a los sectores más postergados, (una de las pocas herencias no renegadas del kirchnerismo) y con gestos aislados pero no menos interesantes y sostenibles en el tiempo como el proceso de urbanización de villas, como la 31 de Buenos Aires. Hay que poner el Estado a atender las necesidades sociales urgentes pero con soluciones que sean de largo plazo, y no solo de emergencia.

Lo que decimos es que hay que discutir pobreza y pensar de dónde saldrán los recursos para esta misión titánica. Algo de esto hablábamos semanas atrás, cuando el neokeynesiano Fondo Monetario recomendaba a sus países miembro, especialmente los más ricos, aumentar impuestos a la riqueza para auxiliar a los sectores más vulnerables con infraestructura y planes sociales. Nada más heterodoxo, económicamente hablando.

En este sentido, en nuestro país se viene rumoreándose cada vez con más ruido y precisión que se avecina una reforma tributaria que impulsaría el oficialismo en el Congreso, con medidas como impuestos a los plazos fijos, gravámenes a las Lebacs… y agregaría yo (por qué no) un impuesto amplio a las transacciones financieras especulativas.

Si queremos discutir pobreza, en serio, hay que discutir la riqueza, especialmente la espuria, la que no está basada en actividad productiva alguna.

La vida suele ser un juego de claroscuros, algunos de los cuales se convierten en grietas, como la que viven apasionadamente antikirchneristas y kirchneristas. Hay como una necesidad de buscar la identidad propia en ese otro, distinto. Unos y otros se echan las culpas mutuamente: el responsable es el otro, y muchas veces no se dan cuenta de que son parte complementarias del mismo problema.

Ricos y pobres, por caso, explican miserias no necesariamente económicas y ni justamente de ellos, sino de un sistema que no puede funcionar con igualdad entre sus partes.

En el plano político, la Argentina vive hoy una renguera político-institucional, revitalizada por el contundente triunfo electoral de Cambiemos. El oficialismo viene de pegarle semejante paliza a su rival que, no solo lo noqueó sino que lo tiró del ring. Una democracia sin oposición de pie, es un sistema que pone en peligro la prevalencia de los derechos ciudadanos. Los 12 años de kirchnerismo así lo demostraron. 

Cuando los espacios opositores quedan vacantes o bien ocupados de manera fragmentaria por grupos aislados, la oposición suele ser copada por sectores que incluso nada tienen que ver con la vida institucional de la política, que es la que ejercen los partidos políticos. El siglo XX argentino es una poderosa muestra de esto, cuando los cuarteles militares pasaron a ser el lugar de discusión y de decisión política, desplazando a los comités radicales y las unidades básicas peronistas y demás ámbitos de militancia partidaria. La tragedia argentina del siglo pasado demostró que los espacios vacíos de la política se llenan con sangre.

Y en este juego de pares complementarios, no podemos dejar hacer mención a la discusión del momento. Hoy debatimos sobre el rol delictivo de ex funcionarios del kirchnerismo. Aquel juego tuvo a medianos y altos miembros del gobierno haciendo de las suyas para beneficiarse con dinero público. Hasta se inventaron empresario como Lázaro Báez y Cristóbal López para hacer ese reparto corrupto de dinero público. Pero no fueron los únicos.

Aquel tango de la corrupción de Estado tuvo actores privados, empresarios que viven del negocio de la obra pública, de la que ganan por derecha y de la que arreglan por izquierda. El kirchnerismo llevó al extremo el negocio entre funcionarios y empresarios que desde tiempos inmemoriales vienen sirviéndose del Estado para ganar dinero generosamente. Hoy, lamentablemente, en numerosas causas contra ex funcionarios kirchneristas la denominada patria contratista apenas si aparece mencionada. Un baile que tuvo a dos protagonistas, pero que no tiene su correlato judicial con las mismas proporciones.

Esto del negocio compartido, entres socios, a veces igualitarios y a veces desbalanceados, puede ejemplificarse con otros sucesos bien variados que se siguen dando.

Podemos hablar de barrabravas violentos, pero es necesario mencionar a los dirigentes que los financian.

Podemos hablar de delincuentes, pero hay que señalar a los policías que los dejan delinquir, a cambio de dinero.

Podemos hablar de proxenetas que reclutan mujeres para la prostitución, pero no podemos dejar de apuntar a quienes pagan por sexo…

El tango, cuando es tango, es porque se baila de a dos; si no, es una parodia de sí mismo.

Diego Corlaban
Analista de CECREDA y Director de VozxVos

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