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Daños colaterales

Cuando algunos sistemas socio-económicos provocan daños psicofísicos irreversibles. Envueltas en un sinfín de eufemismos, tales como: “números sensibles”; “deslizamiento”; “sinceramiento”; “poblaciones vulnerables”,” etc., se intenta ocultar lo duro de una política socio-económica que cuanto más se profundiza, más daños irreversibles provoca.

 

Por lo general las políticas socio-económicas liberales, en su afán de alcanzar algunos objetivos, generan un incremento en ciertos indicadores vinculados con el deterioro de la salud psicofísica de la población.

Por ejemplo, la indigencia que está acompañada de otras circunstancias, como la desnutrición y mal nutrición, también se encuentra relacionada con la falta de desarrollo neuro-vegetativo de los niños durante periodos críticos (entre 6-10 años) como desarrollo mental, obesidad, falta de nutrientes vitales en el organismo, etc.

El incremento de la des-ocupación, sub-ocupación y trabajos precarios, genera estragos en la salud psíquica de la población. Incrementando, por ejemplo: los Trastornos de Ansiedad Generalizado (T.A.G.) más comúnmente conocidos como “picos de stress”; re-brotes de T.P. (trastornos de pánico); T.B.P (trastornos bipolares), como ansiedad y depresión; el de consumos de tipo adictivos como el alcohol y las drogas; y de la violencia familiar y social en general.

Esto lo perciben a diario, los terapeutas en cualquier consultorio o guardia de un sanatorio u hospital. Los casos se aumentan día a día y, sobre todo, en los sectores indigentes, en donde además deben luchar frente al dilema de querer curarse y no poder, por falta de dinero o de recursos, no pudiendo acceder a medicamentos y estudios necesarios.

Y finalmente, lo más grave de todo este deterioro del tejido social, es el acrecentamiento de suicidios en poblaciones jóvenes, un flagelo que cada vez se agudiza más en nuestro país, pero también en el mundo.

Según el AACAP (American Academy of Child & Adolescent Pschiatry), en EEUU el suicidio es la tercera causa de muerte entre jóvenes de 15 a 24 años y la sexta para las edades de entre 5 a 14 años. Lamentablemente es un fenómeno universal.

Cada vez que los jóvenes, por lo menos los más vulnerables psíquicamente “pierden su brújula” como consecuencia de políticas económicas que los dejan sin propósito, futuro o camino a seguir como proyecto de vida, buscan refugio en las drogas, la delicuencia, la violencia o el suicidio.

En general y especialmente durante la adolescencia, el individuo atraviesa una serie de dudas, confusiones, incomprensiones y además se ve obligado a tomar decisiones para lo cual no siempre se encuentra preparado; a veces los síntomas depresivos se emparentan con la tendencias violentas hacia los demás o hacia sí mismo, como es el caso del suicidio.

Por ejemplo, en la guerra de Malvinas, los trastornos de SPT (Stress Pos-Traumático) desencadenaron también suicidios y duplicaron el número de muertes oficiales declaradas. Según la Federación de Veteranos de Malvinas, además de las 649 muertes oficiales, se computaron 454 suicidios.

En nuestro país, según datos oficiales del Ministerio de Salud de la Nación (2012), las tasas de suicidio de jóvenes y adolescentes han crecido. Dentro del grupo etario de 15 a 24 años; la tasa ha pasado de 6/100.000 habitantes en 1997; a 13/100.000 habitantes en 2011. Ese mismo año, se registraron a nivel país 2981 casos de suicidios; y en 2012, 3342 casos de suicidios, datos alarmantes que nos deben llamar a la reflexión.

En el Día Internacional de la Prevención al Suicidio, la Dra. Carmen Esteban (Directora de Salud Mental del Ministerio de Salud de la provincia de La Pampa) afirmó: “la mortalidad por suicidios muestra cierta estabilidad en la frecuencia de tasas que oscilan entre el 16,37/100.000 del 2001 y el 10,94/100.000 del 2015, me refiero a suicidios por cada 100.000 habitantes, mientras que la tasa promedio a nivel país es de 7,4/100.000.”

En esta mezcla compleja de desocupación, indigencia y mayor pobreza es muy preocupante para cualquier dirigente político una tasa de suicidio de esa importancia

En su visita a Buenos Aires, en el mes de septiembre, la gobernadora de Tierra del Fuego, Rosana Bertone, se entrevistó con el Ministro del Interior, Rogelio Frigerio. En ella, alertó sobre la duplicación de las tasas de suicidio de jóvenes fueguinos, percibida como consecuencia del incremento de la desocupación. Según el portal “Jornada”, el incremento ha llegado a una tasa de 12,5/100.000, mientras la media nacional es de 7,4/100.000.

A la situación actual que atraviesa la provincia más austral, se le suma la modificación arancelaria de las importaciones de computadoras, laptops y celulares. Es así como, las industrias ensambladoras se ven obligadas a recurrir a la reconversión o a cerrar las puertas, lo que provocaría más desocupación.

En declaraciones a la prensa, Rosana Bertone afirmó ”nuestros jóvenes se sienten sin futuro, sin contención, nuestra provincia no tiene la complejidad de los saqueos, tiene otras realidades que a veces suelen suceder -como a fin de año- cuando se incrementan las depresiones y los suicidios juveniles, y nos estamos enfocando muy fuerte en eso, porque ya hemos notado esta cuestión en los adolescentes y en eso estamos trabajando muchísimo, porque hay cuestiones de prevención que debemos tomar como Estado”.

Que los dirigentes políticos y sociales se preocupen y ocupen de reducir esta tasa a partir de medidas es importante, pero no dejan de ser cuestiones coyunturales que no resuelven el problema de fondo que es la razón por la que el joven se suicida. 

El dirigente que siempre busca su apoyo político en el joven, debe saber que el adolescente por lo general, es por naturaleza extremista en su carácter pudiendo pasar de una creatividad y pasión increíbles, a poder caer en una profunda desilusión y frustración por momentos angustiante.

Los dirigentes políticos y sociales deberían ser capaces de trascender las políticas públicas orientadas sólo a la prevención y buscar aquellas que además, ocupen al joven en aquello que para él como persona y futuro ciudadano le encuentre sentido, visión o propósito; a esto que se le denomina “survival value” (el valor de la supervivencia), es lo que debería estar “encarnado” en la letra y espíritu de estas políticas.

Por lo tanto, esto también significa un toque de atención para los dirigentes jóvenes y no tan jóvenes que hoy construyen y de-construyen políticas, sin ideologías que lo sustenten.

Goethe dice que si tomamos al hombre “tal cual es o está”, tal vez lo hacemos peor; en cambio si tomamos al hombre “como debe ser”, entonces, tal vez lo convirtamos en “lo que puede llegar a ser”.

Entonces este es un llamado de atención para nuestros dirigentes que más que proponer y hacer, deben trascender en lo que hacen y estar a la altura de los desafíos de la época.

Por qué no intentarlo entonces, de eso dependen nuestros jóvenes y también nuestro futuro que son ellos mismos.

Jorge Silva
Secretario de Capacitación

 

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